IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 20 de noviembre de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

16.35

17.85

Robo electoral y democracia

19 de julio, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

Raúl Castellano

Gabriel Zaid, escritor y ensayista, aunque en verdad es un hombre multifacético y su saber abarca muchas áreas del conocimiento, realizó el análisis del sistema político de nuestro país,hace como treinta años. En su ensayo, definió como la característica fundamental del sistema, su carácter autoritario. Y más adelante, se refirió a la corrupción, diciendo con una claridadcristalina, que esta “no es una característica desagradable del sistema político mexicano: es el sistema”. La mordida no era una anécdota era la médula del régimen, nos explica. Y continúa diciendo que el sistema consiste en “disponer de las funciones públicas como si fueran propiedad privada”.

Hace mucho que Zaid hacía ese tipo de conclusiones de su análisis, y me pregunto ¿qué diría hoy del sistema, cuando estamos viviendo bajo el régimen más corrupto de todos los tiempos?, cuando vivimos en el sexenio ha permeado a todas las capas de lo sociedad y constituye el nuevo sistema de vida. Interesante e incendiaria sería su respuesta. ¿Cómo explicar que la sociedad haya caído tan bajo?

Miguel de la Madrid entendió que la corrupción se había extendido por muchos lados, y utilizó como frase de su campaña, aquello de “La renovación moral de la sociedad”. Sin embargo, esto no pasó más allá de ser un “slogan”; no pasaron de ser palabras que cayeron en el vacío.

El principio sustancial de la democracia radica en que la ciudadanía elegirá a sus autoridades y que a cada ciudadano le corresponde un voto, y quien reciba la mayoría de votos será el ganador. Se había hecho para entonces, modificaciones que daban la impresión de que llevaban como fin, darle mayores garantías a los procesos electorales y se modificaron leyes electorales y fue entonces cuando nació el IFE (Instituto Federal Electoral) y una variedad de órganos autónomos.

Entonces, en 1986, ocurrió algo inesperado. Un partido político naciente, el PRD ganó las elecciones en el Distrito Federal. Ganó la Jefatura de Gobierno del D. F., Cuauhtémoc Cárdenas, que marcó uno de los pocos destellos democráticos, al haber sido el primer Jefe de Gobierno de la Capital de la República electo por la ciudadanía.

Desgraciadamente nuestra democracia en ciernes se mueve como un péndulo, y una golondrina no hace verano. Dos años después, Cárdenas renunció a la Jefatura de Gobierno, para postularse  como candidato a la Presidencia de la República, lid en la cual el PRI lanzó a Carlos Salinas de Gortari.

El día posterior a la elección, todos los diputados federales fueron convocados para reunirse en el auditorio de ese partido en la Avenida de los Insurgentes, en la capital de la República. El propósito era que en el momento en que se declarara triunfador a Salinas, todos los reunidos ahí llevaran a cabo un festejo por su triunfo. Pero llegó la hora en que debía aparecer el presidente del PRI, para hacer el anuncio, solo que no salió nadie al presídium; pasó media hora y tampoco. Y así pasaron como dos horas, cuando salió quien fungiría como maestro de ceremonias, y despachó a todos a su casa, sin que mediara, al menos. una explicación. Lo que no sabíamos era que los jerarcas estaban preparando la famosa “caída del sistema”. Cuauhtémoc había arrasado en la elección.

Entonces se operó el fraude electoral más grosero, el robo más descarado, más dramático de la historia política de México, y se declaró Presidente a Salinas, a un individuo que resultó ser un Presidente espurio sin lugar a duda. Ese hecho marcó el nivel mas bajo de las aspiraciones democráticas de un pueblo, al que le anularon su derecho a votar por quien su libre albedrío le marcara. Robo a la mala, robo con todos los agravantes y la complicidad de mucho y un operador del fraude, que se llama Manuel Bartlett. Pero los delitos y la corrupción pagan buenos dividendos: Bartlett fue nombrado por Salinas, Secretario de Gobernación. Y en su descargo, Bartlett dice que el culpable de este robo fue el entonces Presidente del PRI, Jorge de la Vega, quien declaró triunfador a Salinas, no obstante que en ese momento no tenía ni una sola cifra.

En días recientes hemos visto en la prensa, que el propio Bartlett, que en política se ha movido para donde sopla el viento, igual que las veletas, y ahora, como buen oportunista, es Senador por el PT, reconociendo el fraude del 88. Dijo en la reciente entrevista, que no hubo caída del sistema, y que esto fue denunciado en su momento por Diego Fernández de Ceballos. Y que Salinas, empavorecido por el triunfo de Cuauhtémoc en las urnas, corrió a entregarse al PAN, que resultó ser cómplice fundamental para que no se hiciera un recuento de los votos, lo cual hubiera sido fácil, pues encima de cada paquete, venía el acta correspondiente. Sin embargo, el PAN, con Diego Fernández por delante, se coludieron con Salinas para completar el fraude, ordenando que se destruyeran las boletas, que habían quedado resguardadas por el Ejercito, en la Cámara de Diputados.

México cayó entonces en una profunda crisis electoral. Solo la reflexión y el buen juicio de Cárdenas, evitó un derramamiento de sangre.

A este inaceptable episodio le siguió la construcción de instituciones que ofrecieran imparcialidad y certeza en los procesos electorales y en 1996. Al fin se tomaron medidas para ofrecer un piso parejo para los contendientes. En julio del 1977 se llevaron a cabo las más confiables elecciones de que tengamos memoria. Por primera vez se eligió al Jefe de Gobierno del D. F. Y seis gubernaturas, congresos locales y ayuntamientos, así como la Cámara de Diputados. Fue una elección vibrante y esperanzadora. No hubo impugnaciones, lo cual nos hizo pensar que se había inaugurado una nueva etapa de la política mexicana. La larga y penosa transición a la democracia, había terminado.

Por desgracia, aquellos pensamientos se vieron frustrados. Aquello había sido demasiado bueno, pero a la vez, inconveniente pues imposibilitaba la manipulación del proceso electoral y “triunfos” de aquellos candidatos a los que había que imponer. Eso no podía continuar, porque no se podrían robar las elecciones a nadie. Había que volver al sistema corrupto de antes. Solo así podrían manejar y expoliar al país como se les diera la gana. Y así fue; las cosas marcharon en reversa y volvió a imperar el caos y la podredumbre. Todos los partidos han resultado beneficiados y se ha implantado una dictadura de partidos.

España pudo transitar de la dictadura a la democracia sin problemas. ¿Hasta cuando ocurrirá en México?  ¿Será necesario que haya una sacudida?

Comparte la nota

Publica un comentario