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Matar el tiempo

29 de mayo, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

Hace tiempo una persona comentaba que le gustaba reunirse con un grupo de amigos los miércoles por la tarde para jugar dominó y tomarse unas copas, porque de ese modo sentía que cortaba la semana a la mitad y entonces la vida se le hacía menos pesada. Cuando por exceso de trabajo no podía asistir con sus amigos a divertirse, las semanas se le hacían largas y tediosas, decía.

Por otra parte he conocido gente que siente que el tiempo no le alcanza para cumplir satisfactoriamente con su trabajo. Inician su jornada temprano y cuando menos piensan ya se les fue el día, difícil es que puedan dedicar tiempo de su actividad al ocio y, sin embargo no están deseando cortar la semana para que se les haga menos larga y la vida más llevadera. Son más felices en cierta forma, pues.

Es muy probable que la diferencia estribe en el tipo de trabajo que eligieron para ganarse el sustento. Decía el cantante Alberto Cortés: “tengo la fortuna de vivir de lo que más me gusta hacer, que es componer y cantar”. Cómo iba a ser infeliz si aparte de hacer lo que más le gustaba todavía le aplaudían y pagaban mucho dinero.

En esta vida, con estas formas de organización sociopolítica en donde muchos de los valores están invertidos, el “trabajo” de una “estrella” de televisión o de un futbolista es mucho más reconocido que el de un científico o un intelectual. Nunca he sabido que un admirable académico viaje en su propio avión o se vaya a vacacionar en su yate. Sin embargo, muchos sabemos que Ronaldo, el futbolista, viaja en su jet privado, y Luis Miguel anda muy frecuentemente en las costas del pacífico en su yate.

En el mundo neoliberal contemporáneo la prioridad es la búsqueda de la mejoría individual a través de la adquisición de productos novedosos, “de marca”, y objetos que la tecnología de la era digital reproduce a gran escala. Nos han hecho creer que la búsqueda de la felicidad está en la posesión de esos artículos.

En poco tiempo la televisión, la computadora o nuestro teléfono digital han pasado de moda porque en los grandes centros comerciales exhiben pantallas y artículos de comunicación con nuevas funciones o capacidades que nos hacen ver como ñoños a quienes no vivimos “actualizados”.

Y toda esta exhibición de tecnología de primer mundo se muestra cotidianamente en aparadores y anuncios, en un país donde millones de personas viven en extrema miseria con apenas lo indispensable para subsistir.

Frecuentemente sabemos de personas que se suicidan porque no cuentan siquiera con un trabajo que les permita obtener lo necesario para enfrentar la vida con lo indispensable.

El tiempo transcurre de manera distinta para un trabajador que con un zapapico y una pala abre zanjas para meter el drenaje de una calle, que para un empresario que tiene que vigilar que su compañía sea productiva y pueda competir satisfactoriamente con las metas de calidad de su actividad empresarial. Y el sistema capitalista de producción da para todo; ambos, el trabajador y el empresario realizan actividades lícitas y necesarias para la correcta marcha de la sociedad. Nada más que el trabajador que no cuenta más que con sus manos para realizar su labor, quisiera que las jornadas no fueran tan largas, o encontrar un remanso a media semana para irse con sus cuates a buscar algún tipo de diversión que le haga menos pesada su existencia.

Ojalá todos pudiéramos contar con trabajos como el de Alberto Cortés, que le pagan por hacer lo que más le gusta en la vida, pero lamentablemente, en un mundo como el nuestro en el que estamos organizados por estratos sociales con una multiplicidad de actividades, todas necesarias, a los obreros y campesinos les corresponde realizar las tareas más ingratas y peor remuneradas. Ellos son los que quisieran en muchas ocasiones que el tiempo transcurriera más rápido o que se cortaran las semanas para que la vida no fuera sólo trabajo.

Sin embargo, debo admitir que existe quien en esas tareas, además de encontrar una actividad digna para la subsistencia, también disfruta lo que hace. A su modo también son felices, lo único que se requiere es encontrar una forma mejor de distribución de la riqueza en la que no les toque la peor parte.

En todos los estratos sociales existen los “parásitos”, aquellos a los que no les gusta trabajar y buscan modos de subsistencia sin querer realizar el mínimo esfuerzo. Gracias a este “estamento” es que se descompone y deteriora toda la organización social. Surgen así los chapuceros, haraganes, mercachifles, “huachicoleros”, halcones  y todo tipo de jóvenes que se deslumbran con la obtención del dinero fácil y pasan a formar parte de organizaciones que no realizan actividades de las lícitamente permitidas.

En una organización social que no ofrece a su juventud opciones decorosas de realización personal, resulta fácil explicarse el aumento de la criminalidad y de todas las actividades ilícitas que existen en la actualidad en nuestro país.

Vivimos tan preocupados por la inseguridad, que muchos quisiéramos que este tiempo transcurriera rápidamente para llegar a otras condiciones de vida que nos permitan disfrutar un poco de ocio y matar el tiempo. Así nomás.

luissigfrido@hotmail.com

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