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Letras lacustres… díptico nacional

18 de julio, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

Etelberto Cruz Loeza

¿Tiene acaso la política algo que ver con la moral? Maurice Joly

No olvides nunca que únicamente por el camino de la disciplina y del silencio ¡shhhhh!, es como se llega al poder en nuestro país. Adolfo Martorell. Ambos en el primer día, de Luis Spota.

Se puede faltar a la verdad por dos motivos: falta de memoria o falta de vergüenza. Diego Fernández.

Primer lado. El señor secretario de educación pública, Aurelio Nuño Mayer, en alguno de los actos en los cuales ha estado presentando documentos complementarios de la reforma educativa – Planes y Programas de Estudio de Educación Primaria -, afirmó algo que, siendo cierto, tiene un mensaje que no expresó:

El destino de la reforma educativa estará supeditado al resultado de la elección federal del 2018 y como producto de una democracia – por los diversos foros y sesiones de trabajo, así como presentación en la llamada Conferencia de gobernadores y consultas nacionales -, su destino está unido a la definición electoral del año próximo.

Ciertamente, el destino de la Reforma Educativa será determinado por la definición del Ejecutivo Federal. Si hay continuidad partidista, la reforma seguramente continuará. Si se da la alternancia partidista, es muy probable, y posible, que cambie y aun más probable si el triunfo se inclina hacia el candidato del partido Morena, pero…

Esto, el resultado de la elección Federal, aun siendo importante y definitivo, es limitado y coyuntural, no estructural como lo dijo y pretendió vestir.

La Reforma Educativa es una manifestación de política pública y tan lo es, que, con todos sus órganos, instituciones y leyes complementarias-secundarias, está contenida en nuestra Constitución Política. De las pocas reformas de este sexenio que lograron rango constitucional y su aplicación-implementación no debe estar sujeto a una mayoría de votos=democracia, porque la educación, derecho público-humano-social y garantía social, en una democracia, como lo somos nosotros, no está, ni debe estar, determinada por una votación.

Es obligación, función, atribución y responsabilidad del poder público, del titular del Ejecutivo Federal, proponer la política pública, en este caso sobre materia de Educación Pública=nacional y no debe estar sujeta a votación… ¡Ah! Una cosa es la votación en el seno del H. Congreso de la Unión para analizar, modificar y votar la iniciativa de Reforma Educativa o que se proponga y otra, muy diferente en amplitud, calidad y cantidad, a una votación en plazas y espacios públicas para decidir qué, cómo, cuándo y con quién perfilar un proyecto, en este caso, de Reforma Educativa. Es verdaderamente imposible. Es una utopía, una falacia, un sofisma.

No existe registro en el país o en algún otro espacio-lugar del mundo y tiempo alguno, donde una colectividad, un organismo representativo=sindicato o alguna organización laboral-empresarial, hubiera propuesto un modelo educativo, u otro tipo de política pública, por ejemplo de reforma al artículo 2°, al 41°, al 89° o al 123°, apartado A., o al que fuera o lo que fuera y esta propuesta-iniciativa fuera eje de una política pública. No es su función, ni tiene la capacidad técnica, ni la competencia para hacerla, ni para proponerla: podría ser que hiciera una ponencia, un proyecto de adecuación, ajuste, modificación a alguno o varios artículos, pero eso es muy distinto, diferente a realizar una propuesta de Reforma Educativa y aun más difícil que fuera democrática y, esta democracia de plazas, instantánea y mucho más difícil que se eleve a rango constitucional.

Los Foros y de demás formatos políticos de discusión y debate público, fueron, y son, para conceder baños de pueblo a todo lo que se desea vestir de consulta pública, pero que se haga caso… ¡acaso ni en un 5%! Y eso hacen también lo realizan las organizaciones gremiales –laborales y empresariales de todo el país y de todo el mundo-.

Mal hace el señor Nuño Mayer decir lo que dice, aunque él haya tenido sus razones implícitas para afirmarlo, pero sus palabras únicamente concede armas o las fortalece, a los beligerantes de los cuatro estados reacios a aceptar la Reforma Educativa.

 

Segunda cara. En los medios electrónicos, inicialmente, seguidos por los medios impresos, se levantó=infló una burbuja muy especial en los finales días de junio: el senador de la República, ahora por el partido del trabajo, Manuel Bartlett Díaz, declaró que: Carlos Salinas de Gortari no ganó la votación del proceso electoral constitucional de 1988 – Manuel Bartlett Díaz fungía como secretario de Gobernación Federal y presidente de la Comisión Federal Electoral -; que no ganó la presidencia de la República ; que se cometió un fraude con la manipulación de las cifras; que él le advirtió al presidente – Miguel de la Madrid – de la caída del sistema – por la saturación de las líneas telefónicas que informaban de los resultados de las actas de cómputo, a lo ancho y largo del país – y que seis meses después se quemaron los paquetes electorales para ocultar la verdad; que el presidente Salinas se alió con el PAN y le entregó el país…hubo, por primera vez un registro de votos a la vista de los ciudadanos, porque las actas distritales estaban fuera de los paquetes electorales, y en las juntas distritales hubo un conteo público de resultados.

(Pocos días después corrigió: Yo nunca dije que perdió la elección, pero tampoco dije que la ganó. Únicamente recibí los 300 paquetes electorales y los envié a la Cámara de Diputados erigida en Colegio Electoral, que dio la victoria a Salinas. Yo no tuve nada que ver. Nunca ocurrió la caída del sistema, porque no existía sistema alguno).

No tardó mucho en tener la respuesta: Diego Fernández de Cevallos inició la ofensiva y las armas las tiene muy puestas: la memoria. Quienes fuimos testigos o espectadores – pasivos – de esos días, recordamos las tumultuosas imágenes – voces y figuras – de esos días y la catarata de tinta sobre esos hechos.

Los Medios de comunicación social, las cadenas de televisión y de radio guardan los testimonios de esos hechos, los cuales, finalmente, se utilizaron para flexibilizar nuestras prácticas electorales y para la germinación de nuestro sistema electoral, las actuales, vigorosas y perfectibles, instituciones electorales que poseemos como sociedad y nación.

Un paquete de preguntas es: ¿Por qué a más de 29 años, una generación, declara esto?

Si tanto es su celo por la honestidad, honorabilidad, transparencia, justicia jurídica, política y demás calificativos que vistan a nuestras instituciones, ¿por qué lo declara en este momento y no en aquél?

¿Quién le creerá? Manuel Bartlett Díaz es un hombre que sin ser chato, las huele muy bien: Después de esos días, secretario de gobernación, enlistado para la presidencia de la República – en 1988, definida por Miguel de la Madrid a favor de Carlos Salinas de Gortari — gobernador de Puebla, Senador de la República; en 1999 precandidato, nuevamente, a la presidencia de la República, decidida a favor de Francisco Labastida Ochoa -; ahora militante de MoReNa=PT. Si existen niveles y categorías, es uno de los grandes ¿perdedores? De nuestro sistema político, pero no le ha ido tan mal. Es más, siendo audaz puede aceptarse que se le pagó y muy bien, su silencio de 1988. Parece que su Maestría y Doctorado – por la UNAM – no le han servido de nada. Debe aceptar que su tiempo ya pasó – tiene 81 años -. Silencio y discreción es lo de menos.

¿Para qué hablar de ese momento? ¿Para qué decir fraude? Todas las actas están microfilmadas y al que le interese puede consultarlas.

Es casi seguro que en 2 y hasta 3 ocasiones, quiso y estuvo en el umbral del Poder total, pero no lo eligieron, no fue y está muy resentido con el sistema.

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