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Morelia, Michoacán a 17 de agosto de 2017
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La Voz de la Fe

9 de julio, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

P. Francisco Armando Gómez Ruiz
La semana de clausura de las escuelas ya pasó. ¡Ahora sí, todos de vacaciones! Sin embargo, eso de “todos” es bastante atrevido, pues ni el comerciante, ni el empleado administrativo y de mantenimiento, ni tantos hombres y mujeres de trabajo en establecimientos o en el hogar pueden disfrutar del verano vacacional. Las labores continúan, y le damos gracias a Dios, pues con el trabajo de nuestras manos vamos modelando el mundo que deseamos.

Hay un par de “negocios” que al menos deberían de tomarse un par de días de vacaciones, me refiero al negocio sucio del robo, secuestro, asesinato, corrupción o cualquier tipo de violencia. Sin embargo, todas las personas inmiscuidas en dichas actividades tampoco se darán vacaciones, tristemente, entonces es necesario tomar las necesarias previsiones, pues como lo sabemos por las noticias de los distintos medios de comunicación, estas actividades delincuenciales tienden a acentuarse, cuidémonos mutuamente echando un ojo responsable a la casa del vecino, vigilando con delicadeza a los niños que andan jugando en mi calle, y caminando o andando en coche con precaución en las vialidades.

Con tanta juventud en receso de sus estudios, con diversos funcionarios en pausa y con todo un gremio de diferentes trabajadores que al menos se tomarán de una semana para descansar de los ires y venires del itinerario laboral, es bueno que no sean solo las playas, los centros comerciales, los gimnasios, los parques, los pueblos mágicos, las ciudades coloniales y un sin fin de destinos turísticos los que estén abarrotados, sino que también demos espacio para visitar con mayor tranquilidad un santuario o templo, ó algún sitio que inspire a la introspección y al diálogo con Dios. Jesús, después de terminar días de intenso encuentro con la gente –milagros, predicaciones, comidas, etc.- se retiraba para orar, para hablar con su Padre. “Su fama se extendía cada vez más y una multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades. Pero él se retiraba a los lugares solitarios donde oraba” (Lc 5,15-16). También nosotros podemos aprovechar de estos días para ir en familia, con los amigos o solos a las celebraciones religiosas. Dios también quiere estar incluido en la bitácora vacacional.

Como las vacaciones bien comprendidas no consisten en un mero “no hacer” sino más bien en un “ahora voy a hacer”, se trata entonces de levantarse del sofá del cansancio crónico, de la silla del estrés no productivo y de la cama del propio miedo, para cambiar de actividad: tomar un libro, ver un buen filme, hacer esos ejercicios físicos que hace tiempo no realizo, orar con mayor serenidad, visitar al familiar o amigo lejano y pensar con sensatez y creatividad en las mejoras que deseo en mi vida familiar y laboral. Entiéndelo, las vacaciones, ya breves o largas, pueden ser ese trampolín para alinear y balancear nuestra vida espiritual y física.

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