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Día de muertos

31 de octubre, 2016

Paola Franco/La Voz de Michoacán

El día de muertos es una celebración tradicional de origen prehispánico en la que los mexicanos solemos recordar a los seres queridos que se anticiparon y “pasaron a mejor vida”. Bueno, así se dice, nadie sabe si “el más allá” es un mundo donde las almas o los seres humanos que han muerto disfruten de una mejor vida que la que tuvieron en su paso por la tierra, nadie ha vuelto del más allá para contarlo.

Lo cierto es que a los mexicanos nos ha gustado desde antes de la llegada de los españoles organizar jolgorios para festejar a la muerte; es probable que sea una forma de conjurarla o de familiarizarnos con algo que a fin de cuentas resulta inevitable. Dicen que la única certeza que tenemos es la de la muerte, de esa nadie se escapa.

Nuestros ancestros sentían una rara fascinación por la muerte. Si vemos los vestigios prehispánicos del Templo Mayor en la ciudad de México, ahí, entre la Catedral Metropolitana y el Palacio Nacional, podemos admirar un gran muro de cráneos humanos, muestra de que los ritos, costumbres y la propia cosmovisión de los aztecas estaban vinculadas estrechamente con la muerte, y podemos ver cómo hasta hoy subsiste la tradición de fabricar calaveras de azúcar para incorporarlos a los altares de nuestros muertos.

Esa tradición prehispánica, con la llegada de los españoles sufrió una transformación y se fusionó con la festividad católica de Los Fieles Difuntos el día 2 de noviembre, que se complementa con la festividad del Día de Todos los Santos, cuya finalidad es orar por aquellas almas que aún transitan en el purgatorio. De esta fusión resultó otra muy interesante y hasta cierto punto compatible, pues a la vez que veneramos a nuestros ancestros religiosamente, lo hacemos también a través de un altar con flores de cempasúchil, viandas, veladoras, recortes de papel de china, calaveritas de azúcar y otros enseres multicolores y objetos que visten el ceremonial de un misticismo con sabor a nostalgia y fiesta, rara combinación de sentimientos humanos.

Con la ilustración gráfica del gran artista José Guadalupe Posada en el periodismo mexicano, con sus “Catrinas”, se gestó la tradición paralela de elaborar “calaveras” dedicadas a caricaturizar a las figuras públicas con rimas en versos sarcásticos que ridiculizan, critican o resaltan los defectos de personajes poderosos o de la vida urbana de su tiempo. En algunos medios se conserva esa tradición intacta, pero en las publicaciones pequeñas subsiste matizada con el tamiz de la autocensura.

En Michoacán, además de las costumbres ancestrales de veneración ritualista de la población indígena hacia sus muertos, el afamado artista moreliano Juan Torres dio vida a “Las Catrinas” de Posada con esculturas del barro de Capula, Tenencia de Morelia, y enseñó a los artesanos de ese pueblo a elaborar Catrinas, calaveras de arcilla con atuendos multicolores que han adquirido fama internacional.

Eso es lo nuestro: costumbres, rituales y tradiciones que forman parte de nuestra cultura y que constituyen el ser nacional, lo que nos da sentido de identidad, lo que nos hace ser mexicanos, pues.

Sin embargo, en estos tiempos de post modernidad, globalización y crisis de ciertos valores, los purismos culturales se ven amenazados por el filo de la universalidad y otras guadañas internas, por lo que cabe la reflexión sobre la validez de la defensa de nuestras costumbres o la posibilidad de integrarnos sin prejuicios a nuevas formas de entender la vida.

De la cultura norteamericana hemos importado el halloween o noche de brujas. Ha llegado con tal fuerza en los últimos años que ha desplazado a las festividades nacionales. Las calabazas con rostros cortados, las brujas en escoba, los fantasmas y toda una gama de disfraces con que nuestros jóvenes y niños se caracterizan el día primero de noviembre no es sino un sincretismo más que se añade a nuestra maltrecha cultura. ¿Por qué buscar modelos ajenos a nuestras tradiciones y costumbres?

No es que andemos en la búsqueda de tradiciones ajenas, sino que los embates de la penetración cultural del país más poderoso de la tierra, a través de los diversos medios de comunicación y las redes sociales, es prácticamente incontenible cuando no se cuenta con una fortaleza cultural que haga frente y contrarreste esos embates.

Todavía más. En los últimos años se gestó un movimiento que pretendió la veneración de La Santa Muerte a través de una nueva religión: La Iglesia Santa Católica Apostólica Tradicional Mex-USA (ISCAT Mex-USA). En el año 2003 consiguió su registro ante la Secretaría de Gobernación, y una vez obtenido su registro, dio a conocer su pretensión de adorar al símbolo de La Santa Muerte. Tal propósito obtuvo logros importantes en su penetración en ciertos sectores de la sociedad mexicana, pero en el año 2005 la propia Secretaría de Gobernación retiró el registro a esta asociación religiosa. De cualquier modo, aún sin registro, de manera ilegal sigue difundiéndose en algunos sectores de la población la adoración a La Santa Muerte. Dios nos agarre confesados.

luissigfrido@hotmail.com

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