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Foto: Agencias. Para recibir trabajadores extranjeros a través del programa H-2A, los empleadores deben demostrar que no pueden encontrar trabajadores en EUA.

Viñedos en el condado de Sonoma contratan a más mexicanos

17 de julio, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

Agencias

En el pequeño poblado del Valle de Redwood al norte del lago Mendocino, Martha Barra ha intentado casi todo para reclutar trabajadores para su productora de vino en Redwood Valley Vineyards.

Barra ha visitado restaurantes mexicanos locales y ha publicado anuncios en periódicos en español, con lo cual obtuvo unos cuantos empleados. Ha contactado a la cárcel del condado de Mendocino para conseguir que los reclusos trabajen en sus más de 300 acres, que cuentan con viñas de cabernet sauvignon de más de 60 años. Algunos de esos hombres fueron contratados después de que completaran sus sentencias.

 Dependía de contratistas externos, que más tarde fueron contraproducentes. “Vimos que no tuvimos éxito, ya que nos decían que estarían aquí un martes con 15 hombres, lo cual es un buen equipo de trabajo. Tal vez cinco se presentaban, o tal vez ninguno en absoluto”, explicó Barra. “Se hizo fundamental tener ayuda confiable”.

 Cansada de todo eso, Barra utilizó este año el programa federal H-2A, que permite a los empleadores de la agricultura contratar a trabajadores extranjeros invitados para labores que duren hasta 10 meses. Siete trabajadores de México llegaron el 8 de mayo a la propiedad de Barra para ayudar en tareas previas a la cosecha de este año.

 Los resultados hasta ahora han sido positivos. “Nuestro supervisor está muy contento”, dijo Barra, quien comercializa su vino bajo la marca Barra of Mendocino, en 35 estados y cuatro países.

 Barra no está sola; otras compañías de gestión de viñedos en la Costa Norte también han utilizado los beneficios del H-2A este año, por la escasez de trabajadores agrícolas locales disponibles. Según un recuento del sitio en internet del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, las empresas locales solicitaron 291 trabajadores extranjeros este año para trabajar en las granjas del condado de Sonoma, a través del programa H-2A.

 Por ejemplo, Ferrari-Carano Vineyards and Winery, en Healdsburg, solicitó 24 trabajadores, mientras que Hirsch Vineyards en Cazadero ocupó a cuatro. La lista incluye a otros que se han beneficiado del programa con una base más larga, como el rancho Dutton en Sebastopol, que solicitó a 85 trabajadores este año y Seghesio Family Vineyards en Healdsburg, que buscó a 40 trabajadores.

 El incremento de trabajadores por medio del H-2A ocurre mientras el estado y la región se enfrentan a un mercado laboral extremadamente apretado, así como la comprensión de que es improbable de que ocurra una revisión de las políticas de inmigración bajo la administración de Trump.

 “Es la única opción. No hay camino a seguir para conseguir trabajadores en los campos”, dijo Duff Bevill, de Bevill Vineyard Management, en Healdsburg, que trajo a 24 trabajadores de México este año. “Hace siete u ocho años tendríamos gente que vendría a trabajar y los contrataríamos”.

 La tendencia está ocurriendo en todo el estado; un análisis de Los Angeles Times este año encontró que el número total de trabajadores H-2A en California llegó a 11,000 en 2016, cinco veces más que en 2011.

Para recibir trabajadores extranjeros a través del programa H-2A, los empleadores deben demostrar que no pueden encontrar trabajadores en los Estados Unidos para satisfacer sus necesidades de mano de obra. Deben proveer vivienda y reclutar a trabajadores de forma activa con una base legal temporal. Los empleados no son indocumentados ni pueden ser admitidos en el proceso hacia la ciudadanía. Están protegidos por las leyes laborales federales y estatales, aunque los activistas laborales sostienen que el sistema está lleno de abusos y reducen el salario de los trabajadores locales.

 

Suministro de trabajadores

El programa H-2A ha sido popular en otras partes del país, como Florida, con su gran cosecha de cítricos, y en Carolina del Norte, que además de su famosa cosecha de tabaco también produce árboles de Navidad, frutas y verduras. En particular, Trump Vineyard Estates, en Charlottesville, Virginia, propiedad del hijo del presidente, Eric Trump, ha utilizado el programa pidiendo 23 trabajadores extranjeros este año.

Hasta hace poco, los agricultores de California no habían sido grandes usuarios del programa H-2A. En 2015, California ocupó el quinto lugar en el uso del H-2A a pesar de ser el principal productor agrícola, en términos de valor en efectivo.

En cambio, California ha dependido en gran medida de los trabajadores indocumentados. La Encuesta Nacional de Trabajadores Agrícolas del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos sitúa históricamente al número de trabajadores indocumentados alrededor del 50 por ciento, pero algunas encuestas afirman que creció hasta 70 por ciento en California o hasta 560,000 personas.

La Costa Norte ha tendido a atraer a mucha menos mano de obra agrícola migrante. El trabajo en viñedos atrae salarios más altos porque las uvas para vino de la región son una de las cosechas más provechosas en el estado. Esto ha permitido a las empresas de gestión de viñedos ofrecer un salario más alto para atraer a los trabajadores, con $13 a $15 por hora en trabajos básicos y hasta $30 por hora durante la cosecha. El salario mínimo del estado es de $10.50 por hora.

Esos trabajadores, a su vez, han permanecido en la comunidad. Una encuesta realizada por el grupo comercial de viticultores del condado de Sonoma el mes pasado encontró que la industria local emplea 5,186 trabajadores de tiempo completo, un número complementado por 2,644 trabajadores estacionales. El grupo comercial dijo que el salario por hora en el condado es de $16.34 por hora para los empleados de la uva.

Números cada vez más reducidos

Pero la mano de obra local no ha crecido. Las razones son varias e incluyen un reforzamiento de la aplicación de las leyes de inmigración que comenzó bajo la administración de Obama, los trabajadores ahora optan por quedarse en México o van a otras industrias, sobre todo la construcción. Además, a diferencia de antes, los niños trabajadores agrícolas están optando por no trabajar en los campos.

 Barra señaló que algunos de los hijos de sus jornaleros fueron criados en su propiedad, pero no están siguiendo a sus padres en los viñedos. “Estos chicos van a la universidad. Es maravilloso”, dijo.

 La crisis laboral ha dado lugar a que la industria vinícola local busque a abogados de inmigración como Jeanne Malitz, de San Diego, quien ha manejado aplicaciones H-2A para muchos agricultores del condado de Sonoma.

 “Lo estamos viendo en la industria del vino”, dijo Malitz, quien manejó la aplicación para Bevill. “Recibimos llamadas todo el tiempo diciendo: ‘Es urgente, ¿cuándo podemos empezar?’”.

 El programa está orientado a operaciones más amplias, ya que las empresas deben proporcionar vivienda a los trabajadores. El gran gasto para los trabajadores, que en California serán pagados a una tasa de $12.57 por hora este año, es pagar por su propia comida.

 La familia Robledo alberga a sus 18 trabajadores H-2A este año en una casa en Sonoma y otra instalación en la propiedad del condado de Lake, dijo el propietario Jenaro Robledo.

 “Con todos los obstáculos que tienes que pasar, la vivienda es uno de los más grandes”, dijo Robledo. “Tal vez lo aumentaremos el próximo año”.

 Bevill dijo que también quiere construir más casas, ya que ya ha visto los beneficios de importar una tripulación de trabajo. “Tengo que construir más viviendas”, dijo.

 El reclutamiento debe hacerse con cuidado. Malitz dijo que sólo recurre a un reclutador extranjero en el cual confía para evitar a sus clientes negociaciones sin escrúpulos. Barra notó que obtuvo mejores ventajas cuando su supervisor, Roberto González, fue al estado de Michoacán en México para reclutar a trabajadores que él personalmente validó.

 Preocupaciones sobre abusos

 Mientras que los agricultores elogian los beneficios del programa de visas, críticos como la Union of Farm Workers acusa que explota a los trabajadores. Señalan que el H-2A no tiene ningún límite en el número total de trabajadores que pueden ser traídos a los Estados Unidos. Un total de 134,368 trabajadores llegaron el año pasado, lo que permitió un suministro ilimitado de trabajadores extranjeros. En cambio, el programa H-2B para trabajadores no agrícolas temporales está limitado a 66,000 visas al año, aunque el congreso apenas duplicó esa cantidad.

 El programa H-2B es para empleos en industrias como la jardinería, procesamiento de productos marinos, madera y turismo.

 “La historia del programa muestra que estos trabajadores invitados son muy vulnerables a los abusos y muchos empleadores aprovechan esas vulnerabilidades“, dijo Bruce Goldstein, presidente de Farmworker Justice, un grupo de defensa laboral en Washington DC.

 Su grupo fue el autor de un informe de 2011 que describió las quejas sobre el programa, acusando que disminuye los salarios de los trabajadores estadounidenses y crea un incentivo para contratar a más trabajadores extranjeros porque los empleadores no tienen que pagar impuestos por Seguro Social o de desempleo a los empleados H-2A. También afirmó que algunos trabajadores extranjeros han experimentado robo de sueldos y que los abusos en la contratación son comunes, pero los trabajadores no se quejan ante las autoridades.

 “Tienden a trabajar en los límites de la resistencia humana”, dijo Goldstein. “Ellos están trabajando a pasos insostenibles muy a menudo”.

Posible estatus legal

En cambio, Goldstein aboga por una legislación que permita a los trabajadores indocumentados obtener la ciudadanía. La senadora Dianne Feinstein introdujo recientemente una legislación de inmigración para proporcionar un camino hacia el estatus legal.

Feinstein cree que ese camino hacia el estatus legal para los trabajadores indocumentados es la única vía para abordar las preocupaciones, tanto de los agricultores como de los trabajadores, especialmente teniendo en cuenta el temor a la deportación.

Mediante su propuesta, los que han trabajado en la agricultura por lo menos 100 días en cada uno de los últimos dos años, pueden obtener un estatus de ‘blue card’ en el estado. Los trabajadores agrícolas que mantengan ese estatus durante los siguientes tres a cinco años, dependiendo del total de horas trabajadas, serían elegibles para obtener una ‘green card’, como residente permanente legal. El proyecto de ley no abordó específicamente el programa H-2A, como lo había hecho en medidas pasadas.

“El trabajo agrícola es realizado casi exclusivamente por inmigrantes indocumentados —un hecho que no debe sorprender a nadie”, dijo Feinstein en un comunicado, cuando presentó el proyecto de ley en mayo. “Al proteger a los trabajadores agrícolas de la deportación, nuestro proyecto de ley alcanza dos objetivos: asegurar que los inmigrantes trabajadores no vivan con miedo y que la industria agrícola de California tenga la mano de obra que necesita para prosperar”.

Ese temor llegó al condado de Lake en mayo, cuando oficiales de la Agencia de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos —ICE, por sus siglas en inglés— visitaron un campamento agrícola en Finley. Tres trabajadores indocumentados fueron detenidos durante la visita, ya que los agentes buscaban inicialmente a un hombre con antecedentes penales que no vivía en el sitio, dijo Ana Santana, integrante de Latinos Unidos del Condado de Lake. Un vocero de ICE, James Schwab, dijo que no podía comentar los detalles de la acción.

La Asociación de Contratistas de Trabajo Agrícola de California envió el 24 de mayo una alerta por correo electrónico a sus miembros sobre el incidente, señalando que “quería pasar esto para que otros puedan tomar las medidas apropiadas para garantizar la seguridad de sus empleados“.

Keith Brandt, de Bella Vista Farming Co., en Kelseyville, dijo que ninguno de sus empleados se vieron afectados, pero el incidente generó temor y tensión entre los trabajadores agrícolas locales y sus familias.

“De lo que recolecté esa mañana, realmente ha reverberado dentro de nuestra comunidad laboral“, dijo Brandt. Santana estuvo de acuerdo. “Desearía que la gente de la actual administración supiera el efecto que está teniendo”, dijo.

Brandt dijo que el mercado de trabajo del condado de Lake es muy apretado, especialmente porque los trabajadores pueden ganar más dinero en el cercano condado de Napa. “Siempre hay gente buscando pastizales más verdes”, dijo. Al igual que otros, Brandt dijo que también está considerando el programa H-2A.

El programa H-2A requiere que los empleadores de la agricultura demuestren que no hay suficientes trabajadores estadounidenses que sean “capaces, dispuestos, calificados y disponibles para realizar el trabajo en el lugar y tiempo necesario”. Barra dijo que sólo tenía dos solicitantes para los puestos que anunció, según requieren las reglas del H-2A.

“Uno era un recolector de hongos en la costa de Mendocino. La otra era una mujer que no quería trabajar los fines de semana ni horas extras. No creo que entendiera que la agricultura es una jornada de 10 horas (al día)”, dijo Barra. “Ellos desaparecieron. Los llamaba de vuelta, pero no había respuesta”.

Finalmente Barra contrató a un hombre local como parte de un esfuerzo de contratación con el programa H-2A, aunque luego abandonó el trabajo.

 “No es como si estuviéramos sentados esperándolos. No vienen como solían hacerlo”, aseguró Barra.

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